martes, 9 de agosto de 2016

HORAS AL VOLANTE PARA ASISTIR A LA MISA TRADICIONAL

En las últimas dos semanas he conocido familias que conducen durante más de tres horas entre ida y vuelta para asistir el domingo a una ‘misa tradicional’. Sé de otros que viajan más horas para asistir de vez en cuando. Cualquier persona que asiste constantemente a la ‘misa tradicional’ sabe que es muy común que las personas viajen por lo menos más de una hora en automóvil para poder asistir a la santa misa.
Ahora comparen esto con las estadísticas a las que estamos muy familiarizados: sólo el 24% de los que se identifican como católicos asisten a misa semanalmente. En otras palabras, casi ocho de cada diez católicos no van misa, a pesar de que hay más de 17.000 parroquias en los Estados Unidos. A pesar de que la mayoría de las ciudades medianas y grandes tienen múltiples parroquias, más del 75% de los católicos eligen no hacer el viaje de 10 minutos para ir a misa el domingo.
Muchos de nosotros en los años recientes hemos escrito acerca de la ‘misa tradicional’ y del por qué las personas han estado buscando esta celebración:
·        Reverencia
·        Tradición
·        Un sentido de lo sagrado
·        Un sentido de trascendencia
·        Belleza
·        El culto con dirección hacia el Oriente.
·        Cantos que elevan el alma (cantos gregorianos)
·        Incienso y campanas
·        El comulgatorio
·        Silencio y contemplación
·        Previsibilidad 
·        Universalidad
Todos estos factores ayudan a centrarse en Dios, aumentar la humildad y profundizar en nuestro amor por Jesucristo y en su presencia real en la eucaristía.
El porqué de la ‘misa tradicional’, debe ahora cuestionarnos para comprender cómo es posible explicarnos este crecimiento extraordinario en la asistencia a la santa misa semanalmente. En otras palabras, las personas deberían preguntarse honestamente a sí mismos:
¿Por qué alguien conduciría un automóvil durante dos o más horas para asistir a misa, particularmente si hay otras parroquias más cercanas?
O bien,
¿Por qué la gran mayoría de los católicos se quedan en casa cada domingo cuando el hecho de asistir a misa es mucho más fácil debido a la cercanía de las parroquias y a la flexibilidad de horarios?
¿Podríamos clasificar esto como una falta de caridad cuando los obispos saben que muchos de los fieles soportan esta gran dificultad debido a la falta de disponibilidad de la misa en su forma ‘extraordinaria o tradicional’? Hable con cualquier párroco que ofrece la ‘misa tradicional’ regularmente y le podrá decir lo que tienen que viajar estos feligreses sólo para poder participar en la misa de siempre.
Uno se pregunta si los obispos se informan sobre cuántas de sus ovejas están viajando largas distancias para asistir a las diócesis solo para encontrarse con la misa que el papa san Juan Pablo II y el papa Benedicto XVI intentaron hacerla más accesible a través de un indulto y dos motu proprio.
Finalmente, si más jóvenes están siendo atraídos la misa tradicional (y lo están), y si las familias están siendo atraídas (y lo están), y si las vocaciones (matrimonios, sacerdocios y vidas religiosas) están creciendo en las parroquias tradicionales (y lo están), ¿no debería la Iglesia ver esto como una esperanza para el futuro?
Que muchos católicos hoy en día no son capaces siquiera de conducir durante 10 minutos para la más irreverente, banal y antropocéntrica, mientras que otros dedicarán todo el día del domingo buscando lo sagrado, convirtiendo así la misa en un largo camino, es digno de ser estudiado.
Recen y pidan por aquellos que pueden hacer algo al respecto.
[Traducido por Fabián González. Artículo original.]
(Del Blog Adelante la Fe)




lunes, 8 de agosto de 2016

Sacerdote, oficia la Misa Tradicional


Por su interés, reproducimos el artículo del Rvdo. Juan Manuel Rodríguez de la Rosa invitando a todos los sacerdotes a oficiar la Santa Misa según el Vetus Ordo

http://adelantelafe.com/sacerdote-oficia-la-santa-misa-tradicional/

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Querido hermano sacerdote, anímate a oficiar la Santa Misa tradicional. Entonces te acercarás al Señor aún más, si cabe. Será el mismo Dios quien te muestre el camino del Calvario. Entenderás todo. Quizá no  has recorrido el camino de Getsemaní al Calvario cuando sales de la Sacristía. La Santa Misa tradicional te ayudará a recorrerlo. Te enseñará el camino que siguió el Señor. Sólo en el Calvario podemos vivir nuestro sacerdocio.

Puede que seas algo “flojo”, poco decidido, quizá una persona  cohibida. La Santa Misa hará de ti un verdadero atleta de Cristo, porque al levantar la Sagrada Hostia caerá la Preciosísima Sangre de Cristo por tus manos hasta llenar el  sagrado Cáliz. ¡Qué grandezas vivirás en esta Santa Misa! En la que sólo estás mirando hacia Dios, en la que todo tu ser está en Dios, porque todo tú eres el mismo Cristo.

Entenderás por qué nuestra Santa Madre Iglesia tiene un solo idioma, que es el latín. Entenderás que con este idioma no hay barreras, y las que pueda haber se superan. Irás a cualquier lugar del mundo con la Santa Misa tradicional, sin importante el idioma local. Llegarás a todas las almas del mundo.  Podrás ir a cualquier parte a convertir almas. Sólo con eso es más que suficiente para animarte a aprenderla y a oficiarla.

El latín nos enseña que estamos ante el misterio de nuestra fe, ante el cual  hemos de postrarnos en adoración por su infinitud. Un misterio que se nos ha dado, que no nos pertenece. Cuya comprensión no es a modo de cómo se comprenden las cosas del mundo. Pretender comprender este misterio a la forma humana es un gravísimo error. El entendimiento del misterio es sólo con anonadamiento de la persona ante la omnipotencia de Dios y ante Su infinito Amor, y la extrema gravedad del pecado del  hombre que motivó la obra de Redención en  la Cruz. Hay que recuperar la intimidad del alma que se  recoge ante el Santo Sacrificio, porque es recuperar la intimidad con nuestro Señor Jesucristo en la Cruz. Sólo esa unión rescatará al alma del mundo, y llevándola al Calvario Él la sanará de sus pecados y la introducirá en Su Sagrado Corazón.

El sacerdote que no va al Calvario no está completo. El que sí va es otro Cristo. Ya se siente con fuerzas para todo. Es el cirineo que ayuda al Señor camino de la Cruz. Es el sacerdote que oficia la Santa Misa tradicional, no el que le sigue tirando piedras por la espalda a nuestro Señor.

Todos lo que observan al Señor subir a la Cruz son los que van a la Santa Misa tradicional. Le están observando. El sacerdote se transforma y descubre que ya no es él mismo, sino el Señor. Hasta ahora era él mismo. Pero en la Santa  Misa tradicional es el Señor quien lo dice todo. El sacerdote es otro Cristo para las almas. Ya perdió su identidad  para asumir la del Señor; por esta razón ya no dirá nunca más las ocurrencias que tenga, ni hará nunca más nada para congraciarse con los fieles; ya no improvisará nada en el Santo Sacrificio. Ya al ser otro Cristo hará lo que la Santa Iglesia quiere que haga.

Con la Santa Misa tradicional, el sacerdote pierde su identidad de hombre, de ser  uno más como los demás,  para asumir la del Señor; un reflejo de Dios, más puro, más limpio. Cuando el sacerdote inicia el camino de la Santa Misa tradicional ya no tiene vuelta atrás. El mismo Señor lo despoja de la mundanidad que traía,  de sus aficiones puramente materiales, de su carnalidad, y lo va transformando en sacerdote de Cristo. Deja de ser hombre para ser sacerdote. Las renuncias a las que nos somete el Señor cuestan, pero las premia abundantemente.

El sacerdote al vivir plenamente la Santa Misa tradicional empieza a renunciar, porque le indica, con total claridad, el camino de santidad sacerdotal, es decir, el camino de renuncia al pecado, a la carne, a  la sensualidad, a todo lo que le tenía atado. El sacerdote que vive la Santa Misa tradicional bien podrá decir cuando llegue el momento: Me desprendí del hombre y me vestí de gracia. Llegado este momento, el sacerdote, ya no quiere saber nada más, sólo ir hacia delante; y sólo llegará a pensar en el momento en que llegue la siguiente Santa Misa. Terminando en vivir el día entero en la Santa Misa.

Todo el día lo vivirás en el Calvario, sin querer salir de él, y deseando únicamente salvar almas. Porque únicamente desde el Calvario la Santa Iglesia llega a las almas, a la profundidad del alma de cada fiel. Contemplando la Cruz del Señor, Su sagrada espalda lacerada por los latigazos, el sacerdote llega a lo recóndito del alma pecadora, del alma verdaderamente herida por su pecado. Porque éstas son las verdaderas almas heridas. Y al poder llegar a ellas, el sacerdote puede sanarlas, limpiarlas, santificarlas y prepararlas para el Cielo.

Antes tenías mucha prisa para todas las cosas de la tierra. Ahora todo cambia, ya no hay prisas, sólo salvar almas. Dulce carga por el Señor. El camino sigue y hemos de seguir renunciando. En esta Santa Misa aprendemos a renunciar, empezando por nuestro capricho en el vestir, a él renunciamos Aprendemos a renunciar a nuestro propio yo. En la Santa Misa tradicional no se acorta el tiempo, porque el tiempo siempre es el  mismo. Todo en ella transcurre siempre igual. Es la unicidad del Santo Sacrificio. Porque sólo es uno. Por esta razón es universal, sin barreras, único y siempre igual y siempre vivo. Es el Calvario.

Querido hermano sacerdote, la respuesta a tu sacerdocio está en la Santa Misa tradicional. Ella nos hace decir: Soy un sacerdote, no un hombre.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa



jueves, 4 de agosto de 2016

Se Suspende la Misa en Málaga el 7 de Agosto - Se reanudarán con normalidad en Septiembre



Lamentamos comunicar que, por causa sobrevenida e imposibilidad de encontrar celebrante para la Misa de este 7 de Agosto,  nos vemos obligados a suspender la celebración de la misma.

Se retomarán las Misas los Primeros Domingos de Mes con normalidad en Septiembre el día 4 a las 19.00.

Cordialmente,


Una Voce Malaga, 4 de Agosto del 2016

lunes, 1 de agosto de 2016

Misa Tradicional en Málaga - Domingo 7 de Agosto


Santa Misa Tradicional. Domingo 7 de Agosto - 12º Domingo después de Pentecostés

Parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula

19.00 horas


miércoles, 27 de julio de 2016

RESURGE EL MONACATO CON LA MISA TRADICIONAL

Vocaciones en auge que reavivan el carisma benedictino

Donde nació San Benito, hoy cantan y celebran misa en latín numerosos monjes jóvenes... de EEUU

Donde nació San Benito, hoy cantan y celebran misa en latín numerosos monjes jóvenes... de EEUU
La mayor parte de los benedictinos de Nursia tienen entre 30 y 45 años - celebran según la forma extraordinaria del rito latino

Fuente: Religión en Libertad

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El canto gregoriano cantado por una docena de monjes de unos treinta años de edad es agua de manantial fresca y vital, solemnidad que nunca es ostentosa, armonía que resuelve un combate del alma intenso y prolongado. Porque los años de la juventud son, cronológicamente, los segundos tras los años de la infancia.

Esta experiencia está a disposición de todos los que atraviesan el umbral de la basílica de San Benito de Nursia para participar en la misa conventual que la comunidad benedictina celebra, en la forma extraordinaria, cada mañana a las 10. Para que nos entendamos: la Misa tridentina, que el Summorum Pontificum de Benedicto XVI ha devuelto a la actualidad y que los monjes celebran públicamente porque, dicen a Tempi, «esta forma es más adecuada para el estilo contemplativo de nuestra oración. No la conservamos como una pieza de museo, sino como una tradición viva. Es necesario que haya lugares como el nuestro en el que este patrimonio se viva y se transmita».

No faltan los herederos interesados en recibir este legado. En un normal día laboral como puede ser el primer viernes de julio, unos cincuenta fieles se distribuyen entre los bancos de la iglesia. Gente de todas las edades. Un joven de los primeros bancos lleva puestos unos pantalones de chandal y una camiseta deportiva amarilla con logos publicitarios. Acompaña perfectamente la gestualidad de los celebrantes, le son perfectamente familiares los momentos en los que hay que arrodillarse o estar de pie. Una madre amamanta a su hijo, ocultando púdicamente el pecho con un paño. Algunas mujeres llevan la cabeza cubierta, otras no. Se recibe la Eucaristía arrodillados en el reclinatorio, directamente en la boca.

Hogar natal de dos santos: San Benito y Santa Escolástica
La iglesia y su monasterio surgen exactamente en el lugar donde nacieron, en el año 480, Benito y su hermana Escolástica, gemelos, hijos del gobernador romano de la zona. En el siglo VI, cuando los dos hermanos ya habían dejado su impronta en el monaquismo occidental, se erigió aquí un oratorio para venerarlos.

Después, en el siglo XIII, se construyó la iglesia, que engloba la parte del edificio que coincide con la estancia donde vinieron al mundo Benito y Escolástica. También se remonta a esa época un monasterio benedictino masculino que fue suprimido, como todos las órdenes contemplativas de entonces, en 1810 por Napoleón.

Durante casi dos siglos el convento permaneció vacío; la presencia religiosa era esporádica y los locales fueron transformados en oficinas y archivos de la diócesis.

La renovación llegó de EEUU
Finalmente, en el año 2000, las continuas peticiones del obispo de tener una comunidad monástica benedictina fueron escuchadas: el padre Cassian Folsom, un benedictino americano de Indiana, llegó a Nursia junto con otros dos monjes estadounidenses como él.
En principio debía dar vida a un nuevo monasterio en Roma. Pero la Providencia dispuso que todo fuera de otra manera; y tras dos años romanos llenos de turbulencias, Nursia volvió a recibir a sus monjes. Al inicio podía parecer una especie de arreglo: apenas tres monjes para un monasterio no afiliado a ninguna de las veinte congregaciones existentes. Pero la planta ha crecido y florecido con rapidez. Hoy, en el convento viven dieciséis consagrados entre profesos, novicios y postulantes. El más anciano es el prior, padre Folsom, que tiene 61 años, seguido por un monje que ronda los 50 años y dos que rondan los 40; pero el vice-prior, padre Benedetto Nivakoff, tiene 37 años y otros otros son hombres jóvenes con edades comprendidas entre los 25 y los 30 años de edad. La edad media es de 34 años: de los monasterios benedictinos de estas dimensiones numéricas, el de Nursia es, probablemente, el más joven de todo el hemisferio boreal.

Los benedictinos de la rama masculina son, en todo el mundo, poco más de siete mil, en descenso numérico y en aumento de edad respecto a tiempos recientes: en 1990 aún eran 9.100. Pero aquí las cosas van exactamente al contrario: año tras año los monjes aumentan de número y su edad disminuye. La mayoría de ellos son americanos, porque americano es el fundador, pero hay también dos indonesios, un brasileño, un alemán y un canadiense.

Vocaciones y evangelización, por Internet
«Un monasterio internacionalizado como éste no podría existir sin las modernas tecnologías de comunicación», admite padre Cassian.

«Las personas nos descubren a través de nuestra página de internet, se ponen en contacto con nosotros y algunos vienen para un periodo de prueba. Algunos vuelven a su país, otros se quedan». 

Don Ignazio, el responsable de la hospedería, viene de Indonesia, de la isla de Java, y es uno de los que descubrió Nursia a través de internet: «Mi madre me decía: “¿Por qué tienes que ir a Italia? Si quieres ser monje puedes serlo aquí”. “Mi vocación no está aquí”, le respondí. “La oración y el ayuno según la regla de San Benito están allí y es lo que yo deseo”».
En Nursia, desde mediados de septiembre hasta el día de Pascua se come una sola vez al día; luego, hasta el final del verano las comidas son dos, menos el miércoles y el viernes, días de ayuno (una sola comida). Se desayuna todos los días, el régimen alimentario es vegetariano.

El padre Martino tiene 32 años y viene de Texas, donde fue vice-párroco durante dos años antes de hacerse monje. «Me decían: “¿Por qué quieres malgastar tu vida así? ¿Qué puedes hacer por la Iglesia si te encierras en un monasterio?”. En cambio, la verdad es que como monje sirvo a la Iglesia con más fuerza. Esta obediencia a Dios es más radical de la que vivía como sacerdote diocesano. Para nosotros vale lo que valía para Santa Teresa de Lisieux: se convirtió en patrona de las misiones sin salir nunca del convento porque la Gracia no permanece encerrada dentro de los muros del monasterio».

San Benito no dijo "ora et labora"
San Benito es patrono de Europa desde 1964 por decisión de Pablo VI y el 11 de julio se celebra su fiesta como tal. En este dramático momento de la historia del continente puede ser sabio buscar consejo en sus hijos espirituales.

¿Desde dónde puede volver a empezar Europa? ¿Desde el “ora et labora” de Benito? «No, ciertamente no, sería reducirlo mucho», sonríe el padre Cassian. «También porque San Benito nunca pronunció esas palabras». 

Sorprendido, abro los ojos de par en par: “ora et labora”, ¿no es el lema de los benedictinos? «Es un lema de finales del siglo XIX, acuñado en la archiabadía alemana de Beuron, en el valle alto del Danubio, fundada pocos años antes. El carisma benedictino es mucho más rico: además de la oración y el trabajo manual está la vida comunitaria, la hospedería para los visitantes, la orientación espiritual para las personas que lo pidan, la experiencia del silencio y la soledad».


Silencio estricto y lecturas en la comida 
Silencio y soledad. Silencio nocturno desde el final de las completas, a las 20.30, hasta los maitines a las 4. Y silencio diurno, interrumpido sólo por la oración en los tiempos prescritos. También en el trabajo - el monasterio tiene una fábrica de cerveza, una tienda, una biblioteca y está creando una empresa agrícola- vige la regla del silencio: normalmente la comunicación se hace mediante gestos y signos acordados.

Durante la comida, en el refectorio, un lector lee pasajes de las Sagradas Escrituras mientras el resto, incluidos los huéspedes -siempre hay-, comen y son servidos en silencio. «El silencio y la soledad son necesarios para aprender a habitar en sí mismo. Si primero no aprendo a habitar en mí mismo, si estoy confundido y enfermo interiormente, no puedo relacionarme con los demás. El silencio sana».

Para la charla cordial entre monjes se reserva sólo media hora al día de "recreo".

Pero la verdadera alternativa al silencio es el canto: los ocho momentos del Oficio Divino (maitines, laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas), más la misa, son cantados. La única oración no cantada es la lectio divina que el monje recita en su celda. En total, las horas de oración al día son 4-5, casi todas cantadas. «Quien ama canta», explica el padre Cassian. «Es la manifestación de nuestro afecto por el Señor. Y de una manera ardua, porque el repertorio requiere dos o tres años de aprendizaje».
La paradoja del monje: retirarse para poder ayudar
Silencio, oración, soledad, trabajo, ayuno, canto. Todos los momentos de oración son públicos dentro de la basílica y quien les escucha cantar se maravilla por la paz que emana de estos jóvenes cantores.

Y, sin embargo, la vida del monje es una vida de combate. «Combatimos contra nosotros mismos, contra el hombre viejo. Combatimos contra los vicios, que son ocho: la gula, la lujuria, la avaricia, la ira, la tristeza, la acidia, la envidia y la superbia. Quienes no entienden el carisma monástico nos acusan de ser unos egoístas que se separan del mundo para encontrar el propio equilibrio psicológico en la soledad. Para el monje es necesario retirarse del mundo, pero el mundo le sigue y llama a su puerta. Nos asedian las peticiones de ayuda, de asistencia y de guía espiritual superiores a nuestras fuerzas. Pero las personas nos agradecen lo que les damos. La paradoja de la vida monástica es esta: que precisamente el hecho de estar separados del mundo hace posible amar al mundo de un modo justo, dando una contribución que responde a la necesidad de quien vive en el mundo. Hoy, nosotros conseguimos hacer el bien a las personas de un modo que no hubiéramos conseguido de habernos quedado en el mundo».
Permanece en el aire la cuestión de Europa. «Cuando los políticos europeos hablan de San Benito, hablan de él como patrimonio cultural, como legado medieval. Pero la contribución del santo y de lo que de él nació es otra: es la conversión, es “nihil amori Christi praeponere”, no anteponer nada al amor de Cristo. Benito es cristocéntrico: para él lo más importante es colocar la propia vida en Dios, poner a Dios en el primer lugar. Esto, Europa, no quiere ni oírlo. Europa está llamada a la fe y a la conversión, pero no está interesada en ello. Esta es la causa de su disgregación. La economía no basta para determinar una integración. Carlomagno utilizó políticamente la fe común y la liturgia común de la red de los monasterios de la Europa de su tiempo para dar unidad a su imperio. La unión política y la unión económica vienen después de la unidad en la fe».

Para oír estas palabras era necesario encontrar a un prior americano de un monasterio cuyos monjes, en su mayoría, son estadounidenses, fundado en el lugar donde nació San Benito, patrón de Europa. Pero esta gente no es gente que sólo hable. Es gente de cuyo estilo de vida hay que tomar ejemplo en vista del desigual combate que nos espera. Porque, como dice el Evangelio, «esta especie solo puede salir con oración» (Mc 9, 29).








(Traducción de Helena Faccia Serrano, diócesis de Alcalá de Henares; publicado originariamente en italiano aquí en Tempi.it)

Hermoso vídeo de 5 minutos en YouTube en inglés en el que los monjes de Nursia explican como es su vida... y cómo cantan para orar